
¡Alarma, alarma!.
Por su oportunidad para nuestra Tabla rememorativa y evocadora, doy prioridad a este introito de urgencia.
Todavía con cierta somnolencia, y de ahí mi falta de precisión en los datos, he estado escuchando esta misma mañana en la radio, en la SER, una entrevista de Montserrat Domínguez con Pepe ¿Colubi?, que ha publicado en Espasa Calpe un libro sobre frases célebres, llamado “¡Pechos fuera!”, en el que dedica especial atención a las series de televisión de los años setenta. Se ha visto todas las series con el doblaje original, haciendo comentarios con la perspectiva que da el tiempo.
Y… entre otras muchas cosas, la noticia impactante es que, tras revisar todos los capítulos originales de la serie, concluye que Afrodita A, en Mazinger Z, no decía la frase: “¡Pechos fuera!”. Parece increíble, ¿verdad?. Todos juraríamos haberlo oído, pero afirma que es una leyenda, que en realidad no lo decía. Ha caído pues otro de los mitos de nuestra adolescencia y de ahí mi grito de alarma.

Salvo por esta noticia traumática, el resto de los comentarios estaba muy bien, con citas a “Canción triste de Hill Street”, “Los hombres de Harrelson”, “El coche fantástico”, la aportación española con esos "marditos roedores" en el doblaje del gato Jinx. Y todo poniendo cortes de voz y la música de entrada.
Ha comentado por ejemplo cómo en un capítulo de Mc Givern citaba a los de ETA como montañeros vascos que secuestraban turistas americanos y él intervenía para rescatarlos.
Saca punta a Verano azul, en que los protagonistas eran Julia, una mujer asocial, sin amigos de su edad, y Chanquete, un viejo solitario al que le gustaba vivir rodeado de niños; dice que por razones menores hay gente hoy en busca y captura.

Citaba también una frase del primer capítulo de Pippi Calzaslargas, en que dice: “La policía me gusta menos que la compota agria con moscas”. Eso es kaleborroka ácrata en horario infantil.
Ya aparte, aporto que en un monólogo del Club de la Comedia, creo que de Agustín Jiménez, comentaba además que los padres de Tomy y Anika eran unos desnaturalizados, que no se preocupaban por sus hijos, que estaban siempre solos, sin ir al colegio, y que cuando no estaban con el
mono, estaban con el
caballo.