
Con el oído izquierdo aún pitando por la proximidad de un altavoz jipiante, paso a redactar este brevintroito de urgencia cuando aún estoy en caliente.
Acabo de retirarme a mis aposentos tras asistir al apoteósico concierto de Bucéfalo en la Nortcavecania Extrematurensis. Y lo dicho, paho concierto.
Empezó con retraso asumible, pues había que apurar los últimos pitos antes de meterse en el local, y dar tiempo a quel personal ya dentro tomara unas espaciadas o el cubata de rigor.
Escenario no muy grande, que restaba algo de movilidad, pero eso sí, con los altavoces a pleno rendimiento.
Público entregado, con bastante veterano, que se agrupaba en la proximidad del escenario, mientras otros preferíamos un más discreto pero también participativo segundo plano.
Repertorio alternado entra la presentación del Núo CD y algunos temas del repertorio clásico, que muchos de los asistentes coreaban con entusiasmo. Hubo incluso una gran versión del Rocinante de Asfalto que entró en digna competición con el magno Bucéfalo.
Momentos antes del evento tuve el honor de que el gran Blaki me cediera su Olympus para dejar testimonio gráfico del concierto, cosa que hice no sé si con mucha fortuna, pues tenía delante un tipo con camiseta a radhias que tenía la virtud de levantar las manos justo en el momento de mis intentos retrataurales (igualico igualico quel difunto de su agüelico el cálavo mañoburgués). A lo mejor nuestro gran violinista ilustra este introito con alguna de las afotos.

Allístaban, con su impertérrita concentración habitual, Frank O´Mata, Houang Lu, el teclista cipangués y Habbibi Zid, el almohade, mientras Habbo dominaba las baquetas desde el fondo, faciendo segundas voces en algunos temas.
Blaki, con camiseta bucefaliana y chaleco atirantado se esmeraba con su violín y de vez en cuando se lanzaba a darle al micro. En alguno de los interludios phalbeados por el Ser Supremo pudieron escucharse por unos segundos las notas violináceas del “Qué gonitas son las cacerenias”, aunque sin rematar la faena. Y en otro momento comentó algo de sus ancestros locales. Todo el público asistente irrumpió a una en un fervoroso aplauso cuando gritó: “¡Ese Mow!”, y no me quedó otro remedio que salir a saludar (bueno, esto esto último me lo he inventado yo, cual Paul Warrior, pero que lo gritó sí qués cierto). Así que muchismas gracias por la referencia y deferencia.
También Carlinhos Brown farfulló algo de los que se amparan en seudónimos para escribir cosas, pero en ese momento esquivaba a una maciza que pasaba a mi lado y no menteré bien. El insigne vocalista no ahorró esfuerzos para meterse a la gente en el bolsillo, y estuvo bastante rememorativo, con alusiones a los orígenes en Hecatombe e incluso remontose a la etapa salesiana para confirmar la tupa de años que llevan juntos.
Los agudos gritos en muchos de los temas hacían vibrar los tímpanos a ritmo frenético, y me gustó en el tramo final aquello de: “En este momento rogaría al público que nos pidiese otra”, algo que por otra parte no hacía mucha falta, pues el personal estuvo muy metido en faena y reclamó varios bises.
En fin, un concierto de primera, en el que me lo pasé muy bien, y en el que adquirí un CD que pasará a ocupar lugar honorífico en mi CDteca.
Cubatita final con algunos momentos de charla, pero interrumpidos por las imperiosas urgencias de la recogida del material. Ya se sabe que lo breve… Pero ha estado estupendo y animo a la muchachada nui a seguirlos por las nuits extremeñas cuando proceda, questos tipos saben muy bien lo que se hacen.
Abrazos pa tox.
