domingo, 17 de agosto de 2008

Entomología

La comunidad científica internacional desaprovechó en Santa Luisa de Marillac una oportunidad de oro: los Cave Canem establecimos en nuestra galería el mayor criadero de insectos que haya conocido la civilización occidental. Se hizo de un modo completamente desinteresado, sin esperar ningún reconocimiento por parte de ningún estamento social. La labor, ardua, consistió en acumular basura sin ceder, en momento alguno, a la tentación que habría sufrido cualquier espíritu, carente de nuestra amplitud de miras, de bajarla para que la recogiera el camión.

Este acto solidario obtuvo únicamente la magra recompensa intelectual de ver cómo nacían, crecían, se reproducían y morían toda clase de insectos, repertoriados o no por los miopes naturalistas.

 

Viñeta: Valle del Lavedan, en el pirineo gabacho.

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