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Como bien narró Lalo párrafos atrás, llegamos a orillas del Tormes de madrugada. El renol 4-4 petao hasta el capó de cavecánemos que no me explico cómo cónio cavecavíamos. Javi Helmant con gafas tipo Lennon sacaba de debajo del salpicadero un manojo de llaves a cual más dieciochesca mientras canturreaba en perfecto perfidio-albionés , en Fú renol, un temita apócrifo de Joan Baez o Juana Baeza.
Helmancia, ciudad de sorpresas tras los portalones.
Preciosos objetos de arte móvil lucían uno tras otro a cual más impresionante. Brillaban como chorros de acero cobalto recién pulido.
Allí había arte y oficio:
Había carrocerías en estados intermedios:
Estructuras de madera, chapa moldeada certeramente por los rayos de una tormenta de aire y acetileno.
Bicicletas del 1900, monociclos, radios viejas relucientes de madera.
Mi madre nos hacía de niños cuadritos con madera quemada, clavos gordos y postales de cochecitos antiguos.
En los listones de madera de la litera pegábamos calcomanías – las llamábamos calcamonías – con mesmo motivo vehicular.
Pero lo que se nos presentaba a los ojos eran unas esculturas móviles de ensoñación.
Si no acabamos bañándonos en boletas al rato en el Tormes o no me acuerdo, que hubiese sido lo propio, o nos fuimos a tocar directamente al Rojo y Negro por que pudiera ser que fuera invierno.
Helmancia, ciudad de sorpresas tras los portalones.
Preciosos objetos de arte móvil lucían uno tras otro a cual más impresionante. Brillaban como chorros de acero cobalto recién pulido.
Allí había arte y oficio:
Había carrocerías en estados intermedios:
Estructuras de madera, chapa moldeada certeramente por los rayos de una tormenta de aire y acetileno.
Bicicletas del 1900, monociclos, radios viejas relucientes de madera.
Mi madre nos hacía de niños cuadritos con madera quemada, clavos gordos y postales de cochecitos antiguos.
En los listones de madera de la litera pegábamos calcomanías – las llamábamos calcamonías – con mesmo motivo vehicular.
Pero lo que se nos presentaba a los ojos eran unas esculturas móviles de ensoñación.
Si no acabamos bañándonos en boletas al rato en el Tormes o no me acuerdo, que hubiese sido lo propio, o nos fuimos a tocar directamente al Rojo y Negro por que pudiera ser que fuera invierno.
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