jueves, 24 de junio de 2010

Mnavegâmçia 214 - La Flinada en HD o la Nutriente

Como se explica exhaustívamente en la entrada XXXV Znmn. de septiembre de 2010 procede BüBbh a sustituir la siñogramación.

Éste daguerro nutriente darriba no es de la cámara HD, pero poe ilustrar subrepticiamente
la visión que tuve no más palear remonte rio grande aderriba, a cuarto de milla del embarcadero.
Lo primero que pensé es que fuera una pajo sierpe de las profundidades.

Aluego constaté que delante asomaba una cabeza.
Un ser ignoto y terrorífico, quasi draconiano antojóseme, mientras me balanceaba aterrorizado en la frágil balsa.
Al sumergirse tras otearme desde cerca duna peña su gran cola enroscada y pilosa era inmensa como anaconda.


Lo que desde lejos y posado en la baliza me parecía una garcilla bollera era un simpático ninguino del Anas que no se asustaba con la presencia jumana.


Otro ente autóctono que dormitaba plácidamente. Gustavo el galapagón.







Mnavegâmçia 214 - La Flinada en HD, que alueguismo
he tenió que pasarla a mpg-4 pa reducirla, o sea, que estamos como estábamos.
Virgencita, virgencita, que al menos me quede comos toi.

video

Cimacio Cariján - Nueva serie - Ascensiones épicas de La Cavecania


Comienza una nueva saga de tintes cuasi mnovelescos u oníricos.
En ésta primera adventure se rememoran las primeras ascensiones adolescentes próximas a Terra Sagrada Columbara.
Hay manuscriptos agüelanos que informan de múltiples subidas a su amplia cima-meseta y a su mordisco canterano actualizado desde la época romana-gaievmbara tardía.
Se narrarán míticos ascensos acaecidos en un pasado no tan pretérito, como, a bote pronto la cumbre casual de Memdomça Aphricaner y Vladimir Mantero en Los Picos de Los Galayos, sierra Gredos, croquem, a fines de lords setenta o paí...
Otros episodios gloriosos como "Con Mangurria en el Mont Blanc", diños de ser tracontados.
Que no mese quede sodio nell tintero, cái munchio magro.
Otro se va diamar "Desprevenidos en el Eiger"- suena mu wey... ya veremos.


















ZIMACIO CARIJÁN - Ascensión pola Jeta Nórote - Ph. in Calbhe - Nordwand - The North Face Queirija
Engrasé el bike y diené la talega con excesivo material y peso.
Con gran pereza, pos era lora la siesta meché pal camino los tres sietes con la mochila una miajina más aliviada.
Daleque te pego a los cambios de plató y de pignión commentzaba a sudar la gota freda-kálho.
Había un tráfico el copón y la calzada nueva carecía de arcén. Sin casco quiba, por defecto de talla homologada, se pronunció mi acongojo en via interurbana.
El sudor caía de mi frontispicio sobre los piñones, los pgmaliones y la cadena como en fuente periagneal hasta tal punto que me interrogué si no se oxidarían los accesorios simanos.
La elección de la sierra de Terra Columbara con su vértice de 375 m. como cota inicial de entrenamiento para lor catorce ochocientos no daba lugar a dudas:
Camino mil veces recorrido por nuesos ancestros y cuyo manuscrito milenario se conserva
en formol en la Sttanteria Marillaica que Mossesba San imprimió para el Liber Gaeiombarii.
Solato a mansalva, sudorina a espuertas, pierna a pierna consumí los primeros kilómetos desde el campamento base en Palangar.
Pos cual no es mi sorpresa, poe, cuando en pleno gesto de esfuerzo titánico pítame un vehículo quien a la salazón no era sino el mítico Memdomça I el Afrikaner que pudiera ser que juera camino la Txiarca Buda.
Por lo angosto del tramo no hubo lugar a parada ni reencuentro sino a una fugaz salutación.
Gustóme sobemanera la breve pero intensa mirada que mantuvimos durante ése lapso, porque si digo lapo sería una escupida mu buarra y no es questión.
No paraba de escupir pos tenía la boca más seca que un serón.
Paré a la altura del Mesón del Isidrador achún buche de la pesada constantimplora de cazador.
-"¡Miajina calentorra...!", sorbí para mis adrentos.
La cuesta se enpinaba más quel nabum seglar contri más me elevaba en relación al Mar Nueso y la montanbáics pareciá una ciclostática en medio de lor maizales y el paisaje cuarteado por la autovía.
Diegado con total apnea a la máxima elevación asfáltica, decidí atrochar entre lars alambradas y las cercas, entre cardos de a kilo, entre la punzante avena kinestésica, entre la zarza entramada.
Primero alcé el velocípeo sobre el acero tesionado.
La elevé sobre un segundo telón de alambre de espino.
Salvé una profunda zanja que comunicaba directamet on el otro lado.
Sin acabármelo de de de de de creer estaba ya en zona salvaje y a lomos de la falda promontórica de Terra Columbara.
Un sendero pedregoso con 17% de desnivel recorría las enaguas de la ladera, enrecortada a muerdos
de implacable excavadora
Unas hoyas, unas grietas quizá producidas al excarbar en busca de granito menumental.
Menúo peligro.
Y dllhó pallí disfrutando de un irracional rally, gincana o declaton improvisado a 65 km/h buscando
la manera de acceder a la cara norte.
Tras múltiples pedaleos y porteos con el bípedo alcancé el campamento 3, sito en la segunda gran hoz que produjo la cantera.
Sus mordiscos en la Teta izquierda de la sierra parecían tan profundos como el abismo del Eiger.
Se escriba Eiger o Eigger el caso es que se pronuncia marx o menos algo asín como Áiga, crow, como nueso sempiterno hádiga al falvar en calbhe ctulu.
Realizé diversas maniobras en zig-zag, ora sobre el bike, ora et agora con el bípedo a cuestas hasta
que, reventado y afixiado del bárbaro esfuerzo dí con mis posaderas en un peñasco, guarnecido a la
sombra de un enorme matorral.
Metí mano de nuó a la constantimplora de pvc cazadora.
Remojé gaznate, redecilla y cuajar de manera ostentosa, mientras con el rabillo del ojo oteaba el marialbelloso paisaje que me circundaba.
Varias veces inspiré en profundidad para renovar el hálito.
Sin demora, eché la bike al hombro y comencé a trepar por los peñascos suelto que inexorablemente conducían a la cima.
Exáhusto, desvanecíme sobre otro peñasco bajo la sombra de otro retamal idéntico al primero y semejante a ciento más.
Me caugué en la marde que parió a Panete, pos la afixiaera era tan magna que decidí, sólo a escasos
cinco metros de la cumbre iniciar la marcha sin oxígeno hacia ella, dejando por ésos sublimes momentos de portear la imbecilcleta.
Tomé de referencia un rancho, un cortijo, unas nubes, un barbecho a lo lejos para acordarme onde iba a aparcar el cacharro.
Trepé común sierpo hacia la cota y entusiasmado comencé a daguerrotipar las cuatro lontananzas de la rosa ventiscal.
La vetusta kodac a pilas pegaba la boqueá.
Llamé a la familia más directa y a algún ambiguo para saludar desde la altura.
Hice incapié en observar y leer a lo lejos el lento transcurrir del Anas.
Oteé los dominios de Terra Columbara.
Lorenzo pesaroso se recostaba inundando de sombras la cara este carijana y la sudorina empapaba la falsa adidas.
Es lora de de de de volver, me aconsejaba.
Circunvalé la hermosa meseta címica, prestando especial atención a un vestigio de posible asentamiento cavecano, pues pedruscos de cuarzo formaban un círculo vicioso.
Los conejos y las liebres por tóx laos eran una constante durante toa la aventura equinoccial.
Estaban hasta en la sopa.
Tierra de conejos, me dije.
Me lancé como en rappel a la búsqueda de la buda bici para no pernoctar adel-lhí, pero hete ahin que no lan cuentro pol ningún lao.
Calma..., pensé.
Tié questar ahí bajol chaparro.
Acho...
Venga a rebuscar bajo lords chaparros y la maquinita que no aparece.
Me cauen York más de mil midiones de B, C,s.
Esto es la podia.
Acho, cágobio.
La noche que se cierne.
Bajo a tóa hostia hasta media ladera a B si la localizo, pero se ven un montón de chaparros iguales.
Subo hasta arriba otra vez.
Tengo que peinar la zona, cuadricularla, debe estar a pocas luces en el sector Norte a Este.
No es posible que mesté pasando ésto...
Vuelvo a bajar hasta un nivel inferior y a repeinar la zona.
Nasti.
Que me quedao sin bici como me quedé sin la Holly MPU.
El descenso, que se prometía rápido y feliz se había convertido en un tenebroso laberinto onde no se
veía un guindo y Vladi Mantero se obcecaba en pergueñar.
Un descenso más, ésta vez por la geta sur, a B si áca.
Ná, que no apáije lija la gran bruta.
Común autómata, común fantoche, comuna marineta saltaba polos pedregales y lors pinchos con una idea supremácica:
Hallarla o fenecer.
Pisoteada la sierra posus cuatro costaos no hadiaba ni rastro de mi reciente vehículo, tan nuevo, tan frágil...
Me lancé de nuó en bajada en dirección a la referncia cortijera y más de lo mismo, ná de ná.
Un calambre en una pierna me dejó tó lisiao y casi al borde de la extenuación, no de la hastarnuación.
En éste punto de no retorno decidí suspender la búsqueda e ir con el coche de San Frenano y con el punzante calambre, humillado, debilitado hasta Cavecania Avgusta onde pernoctaría hasta la madrugada siguiente en que seguiría la búsqueda.
Cabizbajo y arrengado miré por última B la sierra y bajé hasta la alambrada 2 del campamento 4.
De ahí salía una vereda hacia suelo salvaje.
Intenté reconocer las huellas pero ni puta idea de CSI.
Los yerbajos secos eran tóx iguales y la jodienda no tenía enmienda.
Volví al mirada hasta la cumbre, tracé una bisectriz y una tangente desde el camino de gravilla de la cantera hasta los matorrales más altos y empeñéme por enésima B en encontrar el jodío cacharro a la desesperada, lanzando un último balón a la olla.
Subí desde allí hasta el matojo en casi total penumbra, a tientas casi.
Un bulto de rectas aristas apenas resaltaba de los cuarzos anexos bajo el arbusto igualito a un montón coaxiales.
Allí estaba toa chula esperándome.
Qué alivio.
Qué bálsamo.
¡¡Qué odre pleno de biensebebe..!!
El biciclo reloaded, el biciclo pródigo en una prodigiosa aparición.
Qué suerte la mia.
Premio.
Lancéme cuesta abajo comalma que diebal Chapuchi hasta lars 2 alambradas de acero cortén y pinchos que pareciéronme de mantequilla.
Atravesé el campo de toros de lidia.
Dejé atrás el último espolón serrano.
Salté a caballito sobre las profundas grietas.
Con las piernas dienas de chinches, sanguijuelas, bejinos asquerosos pegados como lapas, la dermis ensangrentada, la pelambrera convertida en hábitat entomológico sobrepasé los últimos escollos.
Un sembrao de barro caleño en el que se hundían los olivos.
Dos cercas de alambre reforzado con hilos de acero corten
Una zanja abismal que separaba Terra Columbara de la carretera tan honda común foso virreinal.
El asfalto parecióme alfombra persa.
Las luces de la Cavecania Avgustea daban fe de presencia humana a escasos ocho kilómetros.
Estaba salvado.

miércoles, 23 de junio de 2010

Mnavegâmçia 213 - La Fatídica o Enésima pescantrina

O estaba creando la Oniria LIV o era real.
Todos los elementos se entrecruzaban.
Observando ésto mentró la fiebre repentina por los mosquetones y arneses.
Duda ya resuelta pos ya tengo lords catálogos de Petzl, material de verticales perdíos.
-"La sonrisa ver tical, la sunrise ver tu cul." - díjun enterão.
Gruas, arneses, cañas de pesca, siluros del Rido Ebrio...

Fatídico zarpe con mojada bular de Peer en toa regla, la primera en CCXIV Mnavegâmçias budas
que lars parió, cábuem...














Y eso que no semos supersticiosos.












Trekingación a Peresa Monotívidijo x Vladi & Bird

Bird daguerró la campiña previa..
Olivimorfia.
Dir paquí a sío un paseo pola nuesa praollâmçia pescantril.
Vaya mole zegmental de nuesos viajes iniciáticos adoslescénetes...





Bédio plano birdiano del Col de Servando, programado como segunda cumbre de lords entrenamientos para "Lords 14 Ochiocientos". Todo ses calará.
Captó tamien una garza real en pleno flállin.

Amo a B...


Ristra de daguerras de Codac Hodiaborcula a falta de milana bonita Olimpu, caguen el habua..!!














Aquí pescantrilábamos de chiquenlíteles, que macuerdo de tó...